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La neurociencia detrás de la política ¿Cómo elegimos candidatos?

Por años, se ha considerado que las decisiones políticas son netamente racionales y que la elección de cualquier presidente, congresista, ministro o juez es exclusivamente lógica. Cuando vemos y escuchamos a los políticos en conferencias de prensa o debates, asumimos que nuestras posturas son gobernadas únicamente por procesos cognitivos alturados. Es decir, creemos que elegimos candidatos luego de haber evaluado concienzudamente los pros y contras. Sin embargo, esta visión no puede estar más lejos de la realidad. Múltiples investigaciones del siglo XXI han podido observar la participación de distintas estructuras cerebrales mediante tecnologías de neuroimagen. Es así que se ha podido determinar que tanto estructuras corticales como subcorticales intervienen en las decisiones que tomamos. ¿Esto qué quiere decir? Que tanto capacidades tan complejas, como el pensamiento y el razonamiento; y procesos que escapan a nuestra libre decisión, como las emociones; se unen en una única dinámica que concluye el día que votamos por un candidato u otro. A continuación, analizaremos cómo nuestro cerebro funciona cuando se trata de la política.

 

 

¿Cómo evaluamos a los políticos?

Aquí reside la prueba número uno: no todas las decisiones políticas son exclusivamente racionales. La amígdala, una estructura subcortical con forma de almendra, está involucrada en los procesos de evaluación. En este sentido, está implicada en las actitudes que tenemos frente a los candidatos. En una investigación de neurociencia política, se mostraron los rostros de candidatos demócratas, como Al Gore; y republicanos, como Ronald Reagan (Knutson, Wood, Spampinato y Grafman, 2006). Lo que se encontró fue que la amígdala y el giro fusiforme se activan ante rostros familiares. De hecho, la amígdala se activó fuertemente ante candidatos favoritos. Si bien esta estructura cerebral siempre se ha relacionado con estímulos aversivos, ahora se sabe que también responde ante elementos positivos (Garavan, Pendergrass, Ross, Stein y Risinger, 2001; Hamann, Ely, Hoffman y Kilts, 2002; Hamann y Mao, 2002) y motivacionales (Cunningham, Van Bavel y Johnsen, 2008; Ousdal et al., 2008; Sander, Grafman y Zalla, 2003). De esta manera, la elección de candidatos podría estar supeditada a dos procesos:

  1. Las personas votan porque están motivadas y activadas por su candidato favorito.
  2. Las personas votan porque sienten aversión hacia el candidato rechazado.

Aún más, la preferencia por ciertos candidatos activa el estriado ventral, una región relacionada con los procesos de recompensa. Por otra parte, en otro estudio, Kaplan, Freedman y Iacoboni (2007) mostraron candidatos presidenciales de 2004, como George W. Bush, John Kerry y Ralph Nader mientras utilizaban fMRI. Se encontró que, al observar candidatos opuestos, se activa la corteza prefrontal dorsolateral y la corteza cingulada anterior. Esto podría indicar un esfuerzo cortical por regular las respuestas negativas de los participantes.

«La próxima vez que tengamos que decidir pensemos también si nuestro lado emocional nos está jugando una mala pasada.»

¿Cómo percibimos a nuestros candidatos?

Las investigaciones indican que las personas distorsionan la información para hacerla coincidir con sus creencias. ¿Qué significa esto? Que las personas alteran las distintas pruebas que existen sobre los candidatos para hacer concordar los datos del entorno con las creencias personales. Esto explica, por ejemplo, por qué grupos tan amplios continúan votando por ciertos candidatos. Westen, Blagov, Harenski, Kilts y Hamann (2006) llevaron a cabo un estudio sobre demócratas y republicanos: hallaron que los demócratas percibían contradicciones sobre George W. Bush y los republicanos sobre John Kerry. En este proceso, se activaron la corteza prefrontal ventromedial, la corteza cingulada posterior y anterior, la ínsula y la corteza orbitofrontal lateral. Estas regiones están involucradas en el procesamiento de información negativa y respuestas afectivas (Botvinick, Braver, Barch, Carter y Cohen, 2001; Cunningham, Johnsen y Waggoner, 2011; Gu, Liu, Van Dam, Hof y Fan, 2013; Kringelbach y Rolls, 2004).

¿Somos capaces de asumir diferentes puntos de vista?

En una investigación, mientras se realizaba fMRI, los participantes interactuaron con personas con similares y diferentes puntos de vista. La corteza prefrontal ventromedial se activó ante opiniones similares; la corteza prefrontal dorsal, la unión temporoparietal bilateral y la ínsula ante opiniones distintas (Falk, Spunt y Lieberman, 2012; Mitchell, Macrae y Banaji, 2006). Otra estructura involucrada en toma de perspectiva es la corteza prefrontal medial.

¿Existen diferencias cerebrales entre liberales y conservadores?

Al parecer, las diferencias ideológicas pueden ser explicadas por diferencias en la estructura cerebral. Kanai, Feilden, Firth y Rees (2011) encontraron que los liberales tenían mayor volumen en la corteza cingulada anterior y los conservadores en la amígdala derecha, la ínsula izquierda y la corteza entorrinal derecha. Esto podría indicar que las personas conservadoras son más sensibles a las amenazas (Hibbing, Smith y Alford, 2014; Jost, Glaser, Kruglanski y Sulloway, 2003; Shook y Fazio, 2009).

De este modo, las elecciones toman otro matiz: ya no son percibidas típicamente como tareas racionales, sino que se refuerza la idea de que los estados afectivos gobiernan gran parte de nuestras decisiones. Elegir a un candidato o a otro depende también de nuestras emociones. Y, quizás, en muchas ocasiones, ni siquiera somos conscientes de este componente. La próxima vez que tengamos que decidir pensemos también si nuestro lado emocional nos está jugando una mala pasada.

 

 

 

Referencias

Botvinick, M. M., Braver, T. S., Barch, D. M., Carter, C. S., & Cohen, J. D. (2001). Conflict monitoring and cognitive control. Psychological Review, 108(3), 624-652. doi:10.1037/0033-295x.108.3.624

Cunningham, W. A., Johnsen, I. R., & Waggoner, A. S. (2011). Orbitofrontal cortex provides cross-modal valuation of self-generated stimuli. Social Cognitive and Affective Neuroscience, 6(3), 286-293. doi:10.1093/scan/nsq038

Cunningham, W. A., Van Bavel, I. T., & Johnsen, I. R. (2008). Affective flexibility: Evaluative processing goals shape amygdala activity. Psychological Science, 19(2), 152-160. doi:10.1111/j.1467-9280.2008.02061.x

Falk, E. B., Spunt, R. P., & Lieberman, M. D. (2012). Ascribing beliefs to ingroup and outgroup political candidates: Neural correlates of perspective-taking, issue importance and days until the election. Philosophical Transactions of the Royal Society B: Biological Sciences, 367(1589), 731-743. doi:10.1098/rstb.2011.0302

Garavan, H., Pendergrass, J. C., Ross, T. J., Stein, E. A., & Risinger, R. C. (2001). Amygdala response to both positive and negatively valenced stimuli. Neuroreport, 12(12), 2779-2783. doi:10.1097/00001756-200108280-00036

Gu, X., Liu, X., Van Dam, N. T., Hof, P. R., & Fan, J. (2013). Cognition-emotion integration in the anterior insular cortex. Cerebral Cortex, 23(1), 20-27. doi:10.1093/cercor/bhr367

Hamann, S. B., Ely, T. O., Hoffman, J. M., & Kilts, C. D. (2002). Ecstasy and agony: Activation of the human amygdala in positive and negative emotion. Psychological Science, 13(2), 135-141. doi:10.1111/1467-9280.00425

Hamann, S. B., & Mao, H. (2002). Positive and negative emotional verbal stimuli elicit activity in the left amygdala. Neuroreport, 13(1), 15-19. doi:10.1097/00001756-200201210-00008

Hibbing, J. R., Smith, K. B., & Alford, J. R. (2014). Differences in negativity bias underlie variations in political ideology. Behavioral and Brain Sciences, 37(3):297-307. doi:10.1017/S0140525X13001192

Jost, J. T., Glaser, J., Kruglanski, A. W., & Sulloway, F. J. (2003). Political conservatism as motivated social cognition. Psychological Bulletin, 129(3), 339-375. Recuperado de http://dx.doi.org/10.1037/0033-2909.129.3.339

Kanai, R., Feilden, T., Firth, C., & Rees, G. (2011). Political orientations are correlated with brain structure in young adults. Current Biology, 21(8), 677-680. doi:10.1016/j.cub.2011.03.017

Kaplan, J. T., Freedman, J., & Iacoboni, M. (2007). Us versus them: Political attitudes and party affiliation influence neural responses to faces of presidential candidates. Neuropsychologia, 45(1), 55-64. doi:10.1016/j.neuropsychologia.2006.04.024

Knutson, K. M., Wood, I. N., Spampinato, M. V., & Grafman, J. (2006). Politics on the brain: An fMRl investigation. Social Neuroscience, 1(1), 25-40. doi:10.1080/17470910600670603

Kringelbach, M. L., & Rolls, E. T. (2004). The functional neuroanatomy of the human orbitofrontal cortex: Evidence from neuroimaging and neuropsychology. Progress in Neurobiology, 72(5), 341-372. doi:10.1016/j.pneurobio.2004.03.006

Mitchell, J. P., Macrae, C. N., & Banaji, M. R. (2006). Dissociable medial prefrontal contributions to judgments of similar and dissimilar others. Neuron, 50(4), 655-663. doi:10.1016/j.neuron.2006.03.040

Ousdal, O. T., Jensen, J., Server, A., Hariri, A. R., Nakstad, P. H., & Andreassen, O. A. (2008). The human amygdala is involved in general behavioral relevance detection: Evidence from an event-related functional magnetic resonance imaging Go-NoGo task. Neuroscience, 156(3), 450-455. doi:10.1016/j.neuroscience.2008.07.066

Sander, D., Grafman, J., & Zalla, T. (2003). The human amygdala: An evolved system for relevance detection. Reviews in the Neurosciences, 14(4), 303-316. doi:10.1515/REVNEURO.2003.14.4.303

Shook, N. J., & Fazio, R. H. (2009). Political ideology, exploration of novel stimuli, and attitude formation. Journal of Experimental Social Psychology, 45(4), 995-998. doi:10.1016/j.jesp.2009.04.003

Westen, D., Blagov, P. S., Harenski, K., Kilts, C., & Hamann, S. (2006). Neural bases of motivated reasoning: An fMRl study of emotional constraints on partisan political judgment in the 2004 U.S. presidential election. Journal of Cognitive Neuroscience, 18(11), 1947-1958. doi:10.1162/jocn.2006.18.11.1947

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