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La neurociencia está en boca de todos

La neurociencia está en todos lados. Y debería estarlo. Impacta de manera directa en todos los ámbitos de actuación del ser humano y posee un conjunto de potentes investigaciones que demuestran cómo funciona el órgano más desarrollado que tenemos. A partir de las últimas creaciones en neuroimágenes, la neurociencia permite observar, en tiempo real, lo que sucede en nuestros cerebros cuando realizamos alguna actividad, pensamos, sentimos y deseamos. Pero detengámonos en la importancia de esta disciplina científica en el progreso de la humanidad.

 

Luego de la tercera revolución industrial, la sociedad buscó mejorar la performance de cada individuo que compone un grupo social. Tanto las instituciones educativas, las empresas y las organizaciones gubernamentales se preguntaron por el mejor modus operandi. Desde el ámbito académico, surgieron diversas propuestas: la más conocida de ellas fue la psicología social. Esta especialidad de la psicología se avocó al estudio de los patrones de comportamiento, pensamiento y emoción en contextos sociales. Así como la psicología clínica después de la Segunda Guerra Mundial, la psicología de grupos intentó investigar, teorizar y demostrar la manera destacable de orientar a un conjunto de personas hacia una meta específica.

(…)La neurociencia está en todos lados.(…)

Pero no fue hasta el surgimiento rápido y portentoso de la neurociencia en la década de 1990 que muchas incógnitas sobre el trabajo con comunidades fueron resueltas. El nacimiento de este campo científico fue una gran explosión de conocimientos empíricos, avalados por vastas investigaciones, sobre el funcionamiento del cerebro y del sistema nervioso. En definitiva, fue el descubrimiento non plus ultra acerca de cómo potenciar las fortalezas del ser humano y generar puntos de mejora en cualquier ámbito. Y el argumento es simple: si el cerebro conduce los procesos cognitivos, emocionales, sociales, conductuales y morales, toda acción humana se inicia en este órgano. Es por ello que todo profesional, bien trabaje en el sector educativo, político, comunitario, gubernamental, empresarial, sanitario, etc., debe conocer el centro de todos nuestros comportamientos para lograr un mejor desempeño. Cómo aprendemos, cómo pensamos, cómo sentimos, cómo nos comportamos, además de ser cualidades humanas, nos guían para tomar acción hacia un proceso de perfeccionamiento continuo en cualquier espacio en el que intervenga el ser humano.

Y ya son miles y millones de profesionales, a nivel mundial, que se animan a estudiar alguna formación en neurociencia. Inclusive, centros académicos de renombre han incluido, en sus programas educativos, el estudio de la neurociencia como principal pilar fundacional. Y es que la neurociencia está en boca de todos. Y debería estarlo.

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